Y SI NO QUEDAS SATISFECHO…

garantia de satisfacción

Sólo hay un tipo de creatividad que no debe ser juzgada con parámetros de eficacia y rentabilidad: la que hacen los niños. Toda la demás, si no queremos que quede en juego, ha de ser sometida a la luz ultravioleta de la calculadora y la hoja Excel.

Es un grave error, que a veces propiciamos los propios creativos, pronunciarse sobre la idoneidad de un mensaje con criterios tan poco exigentes como “me gusta” o “no me gusta”.

En el lenguaje empresarial sólo existe la disyuntiva “funciona” o “no funciona”. Y, ante la posibilidad cierta de que en ocasiones la creatividad no cumpla su cometido, al creativo no le queda otra opción que asumir una lógica garantía de satisfacción para con su trabajo.

Si el consumidor no queda satisfecho, El Corte Inglés le devuelve su dinero. Si el cliente no queda satisfecho, la editorial, la óptica, la agencia de viajes, la zapatería de la esquina… le devuelven su dinero.

Si el anunciante no queda satisfecho… ¿Santa Rita, Santa Rita, lo que se da no se quita?

Siempre se ha dicho con mucho ingenio y poca vergüenza que “la mitad de lo que se invierte en publicidad no sirve para nada, pero no se sabe qué mitad es…”. Lo cierto es que el empresario termina pagando las dos mitades (además de los honorarios de la agencia). Es fácil y poco honesto decir que como intervienen muchas variables de Marketing, es difícil saber cómo influye exactamente la comunicación.

Eso es mentira.

La calidad de una idea puede y debe medirse al céntimo por los resultados que produce. Y si no puede, entonces no debiera difundirse. Honestamente, nosotros no podemos asegurar que nuestro trabajo vaya a terminar siempre dentro de “la mitad buena”. Pero garantizamos -por supuesto por escrito- que si el anunciante no consigue lo que se propone, nosotros tampoco.

Es la mínima satisfacción que estamos obligados a dar.